lunes, 7 de marzo de 2016

LEYENDA JAPONESA DE LA SEMANA EL CEREZO



Cuenta una leyenda que hace cientos de años, en el  antiguo Japón, cuando los señores feudales se debatían en feroces batallas, existía una zona de hermosos campos lleno de cerezos. Y precisamente en uno de esos campos maravillosos existía un árbol que pese a tener vida, sus ramas no florecían. La tristeza era su única compañía, porque ni animal ni hierba se acercaba por miedo a morir también.


Una noche se le apareció un hada con bellas palabras que le ofreció su ayuda para que volviera a estar radiante y hermoso. Le ofreció practicarle un hechizo que duraría 20 años, en ese transcurso de tiempo debería emocionarse y sentir lo que siente  el corazón de un humano.

Para ello podía convertirse en humano y en árbol indistintamente. En el caso de no conseguirlo, moriría sin remedio. Y es así como, tras el hechizo, el árbol impaciente se volvió paciente por dos décadas.

Casi cuando el plazo se iba a cumplir apareció  una joven de quince años, pensó que esta dulce joven sería la salvación y que podría conquistar a quien le devolvería la primavera en forma de flor. Y fue así como Sakura, cuyo significado es Flor de cerezo, conoció a un hermoso joven llamado Yohiro (Esperanza), de largos cabellos dorados y ojos aguamarina. Conversaron por largo tiempo y descubrieron, bajo las ramas del cerezo, que compartían la afición por los libros.
Al oscurecer, Sakura invitó a Yohiro a cenar en su casa, y entre conversación y conversación se dieron cuenta que su amistad se iba solidificando. Cuando tuvieron que separarse el silencio los invadió.

Inesperadamente, esa misma noche, la madre de Sakura decidió cortar el cerezo seco y marchito. Yohiro sintió un miedo infinito al ver peligrar su esperanza de volver a ser árbol en flor. Sakura suplicó a su madre que soltara el hacha y le confió su secreto mejor guardado: El cerezo era su único amigo. Gracias a ese árbol ella había tenido las mejores tardes de lectura y conversaciones. Y fue precisamente bajo sus ramas rotas donde conoció el amor.

De repente, misteriosamente, comenzó a brillar el árbol y todos fueron testigos de cómo el feo cerezo su apariencia cambiaba; como sus ramas marchitas y decaídas se tornaban en vigorosas, floreciendo las flores que en otro tiempo no existían.

El hada, artífice del hechizo hacía dos décadas, dio a Yohiro la oportunidad de elegir entre la forma de humano o la de árbol. Y fue así como los dos jóvenes, abrazados, decidieron emprender otra aventura juntos. La hermosa aventura de amar.

Y desde ese día el cerezo siempre permaneció en flor como símbolo de amistad y del amor que se profesaban Sakura y Yohiro.


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